.sèver led odot elas et euq saìd yaH
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Fue diez minutos mas tarde cuando su cabeza rebotó contra el cristal, después de un frenazo inesperado del autobús, que se dio cuenta mientras se sacaba los auriculares de su iPod/maquinadeltiempo que se había equivocado de bus. No, ese no era el 57 ni el 157. Esas no eran las calles que veía todos los días. Esta afirmación la hizo sin mucho convencimiento pues su sentido de la orientación y de la ubicación espacial era de dudosa fiabilidad… Pero tras preguntar al señor del asiento de atrás, confirmó sus sospechas. Este no era el 57 ni tampoco el 157. Pero decidido a bajar, no solicitó parada. Siguió durmiendo y esperó a ver donde se despertaba. Aquel día se sentía con ganas de eso… fuera lo que fuera “eso”. Volvió a colocarse sus auriculares y puso su lista de reproducción actual en marcha. Finalmente volvió a despertarse cuando un hombre chocó su hombro con su brazo. Ante su sorpresa volvía a estar en frente de su casa, obviamente, pues los buses funcionan de esta manera. El transporte público le daba una lección de vida. Hoy se sentía con ganas de eso, de hacer el ridículo.
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