Cuando el calendario dejó de dar continuas largas y decidió fijar una fecha concreta, se dio cuenta de lo irremediable que era todo, de cómo, ahora si, la cuenta ascendente se convertía en una cuenta atrás. Lo que antes sumaba ahora restaba, su tiempo (el de los dos) ahora era algo numerable. Tenia un punto y un final. Un horizonte palpable, un final inevitable. Como un libro que se escribe y ahora solo falta terminar de leer. Como… (bueno, eso). Agobio, nervios, Camel, coca-cola y patatas bravas.
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