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monstruo
February 22nd, 2010

Con los orgasmos al día

Bueno, no sé si pensáis como mi amigo Borja y sois incapaces de leer estos tochacos de críticas que voy subiendo. Prometo ser más sintético.


Por otra parte, decir que este vacío en el blog se debe a la entrega de los proyectos finales. En la ESCAC las cosas van así: pasas todo el año petado de trabajo y como recompensa tienes que entregar por medio el dossier de tu proyecto final. Es el motivo por el que llevamos cuatro años aguantando tostones teóricos y bofetadas de los profesores de prácticas. Y acabamos con menos de un mes para hacerlo deprisa y corriendo.

Sobra decir que los fieles compañeros en este arduo camino son Mr. Burn, el señor Toro XXL o el archiconocido REDBULL.

¿Qué he presentado? Un despropósito. Un guión alopécico. A veces pienso que me parodio a mí mismo por enésima vez, otras que es la mejor idea que se me podría haber ocurrido nunca. Pero, sin duda, “Los orgasmos de mi vida” nació hace mucho como una premisa que he fagocitado durante más de tres años.

DESCARGA EL GUIÓN AQUÍ.

Para subir la categoría del dossier pasé el guión a varios amiguetes del género y de la profesión. Y esto es lo que salió de sus bocas electrónicas:

” Fernando Polanco, fiel a su estilo, consigue en su nuevo proyecto aunar ciencia ficción, sexo, humor negro y cantidades ingentes de fluidos en una historia de amor… amor a uno mismo. Los amantes de lo escatológico ya tienen alguien a quien seguir la pista, porque pocas veces las cerdadas y el talento se unen tan bien. “

JAVIER RUÍZ DE ARCAUTE / LASHORASPERDIDAS.COM

“Directo, brutal, sin concesiones pero con mucho humor y una gran capacidad para describir imagenes muy inquietantes. Siguiendo la estela original del Gore (Troma, Jackson…) y del mejor Rus Meyer, Fernando crea un estilo propio, sincero y sin moralinas”

ISIDRO ORTIZ / DIRECTOR “ESKALOFRÍO” “FAUSTO 5.0″

“El drama contemporaneo de Fernando Polanco me dejo con un sentimiento agridulce. Agri por parte de padre y dulce por parte de madre. El recordar que seguramente mi última “aventura” se remontaba a los tiempos de los romanos me hizo recapacitar sobre la insoportable intransigencia de lo ajeno unido al dolor pseudo espiritual del onamismo más absoluto. Una obra maestra que refleja a la perfección una de las mayores problematicas de hoy en día.”

DAVID MATAMOROS / DIRECTOR ZENTROPA SPAIN (SEDE DE LA PRODUCTORA DE LARS VON TRIER EN ESPAÑA)

El corto entronca con una corriente de cine que no se prodiga demasiado en los últimos tiempos. Quizás porque lo políticamente correcto se impone por todas partes.

NURIA VIDAL / CRÍTICA FOTOGRAMAS, DIRIGIDO POR

El término escatología se queda corto ante “Los orgasmos de mi vida”. Van a necesitar una nueva palabra (y muchos cleenex) para definir el grado de guarrería de esta demencialmente original tragedia”

NAXO FIOL / CINEASTA

Ya sé, ya sé. Este chaval no tiene abuela, ¿no? Hay que vender humo, darse autobombo. De buenas sé que los peces gordos miran cada vez más internet. Y un pequeño blog puede convertirse en el currículum de cualquiera. Y si doy la apariencia de ser un tipo serio, currante y tal puedo librarme de tener que abrir la boca y cagarla antes de tiempo.

A todo esto. Hace un par de viernes participé en una entrevista que me incluye entre los candidatos a alguna plaza vacante como lector y analista de guiones en Filmax. ¡Filmax! No puedo describir lo jodidamente ilusionado que escribiría en mi currículum ese nombre. Si finalmente me dan el “sí quiero” prometo hacer cualquier cosa que me pidáis en los comentarios (esto probará que nadie lee este blog, muahahahá)

Para los granaínos o andaluces cortometrajistas. Atención a un certamen que se celebrará en Granada, Opera Prima en Corto. Promete convertirse en un punto de referencia para todos aquellos que quieran mover sus obras tras salir de la escuela o la facultad. En esta primera edición la patata andará supurando sangre de pitufo. Las proyecciones serán en el majestuoso TEATRO ALHAMBRA. Apunten:

Y sólo una cosa: MÁS PATATA. Los amigos de Scifiworld han conseguido convocar de nuevo a todos los aficionados al fantástico con SHOTS, un certamen de cortometrajes de terror y ciencia ficción ONLINE. Como no, el doctor Ricquebourg y la desangrada Lidia Ornero participan y piden un mísero voto según criterio popular.

Podéis patatear AQUÍ.

Me despido incumpliendo lo prometido en el primer párrafo: NO MÁS TOCHACOS.

February 3rd, 2010

ANGUSTIA (1986) Bigas Luna

Diciembre de 1986, Festival de cine fantástico y de terror de Sitges: Bigas Luna, uno de los directores más polémicos y personales del cine español sorprende a locales y foráneos con “Angustia”, título de terror nacional sólo superado por, si el arte del subjetivismo me lo permite, “¿Quién puede matar a un niño?” de Narciso Ibáñez Serrador y “[REC]” de Paco Plaza y Jaume Balagueró.

Juan es oftalmólogo y tiene una curiosa afición: colecciona ojos. Su madre  ejerce sobre él un fuerte dominio psicológico, le ordena dirigirse a un cine, donde coincide con Linda y Patricia, dos amigas que han ido a la sesión matinal. El efecto hipnótico de la película les hará pasar por una extraña y laberíntica situación.

Pero lo interesante de esta cinta calificada como “rare avis” no concierne a su categoría genérica ni a su escasa repercusión, sino a su juego metalingüístico y a su experimentación sociológica dentro del individuo (siendo el cine de recepción personal Bigas implica, como ya veremos, al entorno, a la propia sala y a sus espectadores a la vez que a todo el imaginario colectivo referente al pánico, la histeria y la sugestión).

Buenas noches a todos, bienvenidos a nuestra película. Como habrán observado, hemos instalado en el vestíbulo asistencia médica totalmente gratuita disponible con solo presentar la entrada. También hay máscaras de oxígeno a su disposición en cada butaca.
Y, durante la película, no hable con nadie que no conozca.

Sin andarse por las ramas, lo primero que nos comunica el filme es su autoconciencia. Habla de sí mismo, de las condiciones en las que está siendo proyectado, se dirige directamente al espectador, habla de lo que hay fuera de la sala: crea una realidad. Además, nos advierte de la excentricidad de lo que vendrá a continuación, de los posibles ataques ante la intensidad y los mensajes subliminales a los que estará expuesto el espectador. Así, se plantea un espectáculo interactivo que resemantiza el visionado tradicional de una proyección.

Y este juego de muñecas rusas se retuerce aún más cuando, en el primer tercio, la proyección se desdobla y vemos cómo unas adolescentes asisten a la proyección de la película que antes recibíamos, esas espectadoras pueden estar en la butaca de enfrente o en la de al lado, son nuestra realidad, respiran en nuestra misma sala. Son nosotros mismos, están sufriendo la película de la misma forma que nosotros. Y entonces la magia. El asesino de la película primera se integra en la segunda, con la que nosotros coexistimos. El peligro se convierte en real, la sugestión se evapora, la histeria es palpable y el pánico intercala miradas con los ocupantes de los asientos más cercanos.

Pero que ese juego de ficciones, realidades, metarealidades y subficciones no confunda, el mensaje es claro: las imágenes se encuentran hoy en el vértice superior del triángulo jerárquico de la influencia. Y, si el cine es ya un buen arma de generación, la televisión es la bomba H definitiva (llegando a los límites de “Poltergeist”, con la que, curiosamente comparte actriz, Zelda Rubinstein, recientemente fallecida).

La recepción individual (televisión) del audiovisual responde a patrones de una posterior relación social que tiene como objeto de mediación el producto audiovisual comúnmente consumido con el beneficio de la reflexión en pretérito: “Un escalofrío me recorrió en la escena final” dice el distanciado espectador. Y, por la contra, ante el consumo colectivo (salas de cine): la desnudez, la pérdida de la intimidad espectatorial, las emociones públicas: “un escalofrío me recorre en este momento”, dice el espectador en presente, y me estás viendo, estás a mi derecha, compartimos punto de vista, vecino de butaca, nos aunamos en sensaciones, somos un todo viviente, un ente emocional, humanidad abstracta.

Fernando Polanco Muñoz

February 2nd, 2010

EL EXTRAÑO VIAJE (1964) Fernando Fernán Gómez

Para ver joyas en el cine español no es necesario armarse de pico y pala, escarbar en alguna mina profunda y descubrir una ancestral y milenaria filmoteca. Sólo tenemos que inflar los pulmones, olvidar la pereza prejuiciosa y repasar año tras año las producciones nacionales.

Retrocediendo hasta 1986 los primerizos premios Goya nos darían un nombre capital para una bonita retrospectiva: Fernando Fernán Gómez (que con “El viaje a ninguna parte” levantó los primeros bustos goyescos como “mejor director”, “mejor película” y “mejor guión original” y con “Mambrú se fue a la guerra” como “mejor actor). El salto es inevitable; repasando su filmografía admiraríamos títulos populares o  malditos, pero el que aquí ocupa, gestado en plena década de los sesenta (con todas sus consecuencias), brilla con el paso de los años tanto por su  calidad atemporal como por su poca presencia.

Extraño título para una película que transcurre casi en su totalidad en un pequeño pueblo de los alrededores de Madrid. ¿Será el “viaje” al que hace referencia la propia forma del discurso? Y es que la estructura narrativa de la película responde a los esquemas cruzados del suspense de “Alfred Hitchcock presenta”, “Historias para no dormir” de Narciso Ibáñez Serrador o de las novelas de Agatha Christie. Siempre con el factor cañí español que da el acorde humorístico y forma un híbrido fílmico del que incluso hoy beben gente como Sánchez-Cabezudo (“La noche de los girasoles”),  Daniel Monzón (“La caja Covak”) o Rafa Cortés (“yo”).

Tanto la forma como el tema y los personajes vinculan la cinta al género de suspense, pero es interesante cómo roza el terror y el fantástico sobre todo cuando la cámara está dentro de la casa de Doña Ignacia: primeros términos de animales disecados, sombras, puertas que se mueven solas, gatos negros, el doble o el sustituto en la resurrección, los hermanos “freaks”, etc.

Me resulta inevitable citar “Angustia” de Bigas Luna. La relación madre-hijo de los protagonistas de esta película es similar a la del tándem Venancio-Paquita frente a Ignacia (más madre que hermana). Y, cómo no, el Norman Bates de “Psicosis” (travestismo incluido). De ambas referencias, aparte de la peculiar jerarquía de sumisión familiar, también es comparable el bizarrismo de la atmósfera y la presencia como personaje de la casa.

Da la sensación durante todo el film de que la trama está ocurriendo dentro de la casa y que el resto del pueblo no son más que espectadores que, como nosotros, comentan lo que va ocurriendo. Así, “El extraño viaje” seguiría la estela de crímenes rurales iniciada con éxito por títulos como “El clavo” (Rafael Gil, 1944), “El crimen de la calle bordadores” (Edgar Neville, 1946) o “Domingo de carnaval” (Edgar Neville, 1945) que tienen a la “comunidad” como un personaje más.

Acabando, vuelvo a subrayar el artificio narrativo de la resolución del misterio del asesinato. Mediante una retrospectiva en el último cuarto del metraje, escenas antes insignificantes se completan ahora en sentido a través del discurso del personaje de Carlos Larrañaga. Este recurso se ha desarrollado hasta el día de hoy alzándose como la principal característica del “thriller” (podemos relacionar en un mismo eje cronológico películas como “El extraño viaje”, “Instinto Básico” o “El club de la lucha”).

En definitiva, vemos en este título uno de los puntales de la filmografía de Fernando Fernán Gómez. Un flime cargado de ingenio narrativo y personajes complementarios. Aplaudido por la crítica y fugaz para el público (incomprensible dada su condición coral y comunitaria y su digestiva historia). Pero, sobre todo, un manual de hacer fácil lo difícil (en tiempos difíciles).

Fernando Polanco Muñoz

February 1st, 2010

LA NOCHE DEL CAZADOR (1955) Charles Laughton

La Guerra Fría se intensificaba con la Guerra de Corea, la UE abría los ojos, el comunismo llegaba a China y el vampírico consumismo inflaba la industria estadounidense. Eran tiempos complejos y había que llegar a la gente con ideas sencillas.

Como una fábula para niños, este título de mediados de los cincuenta nos presenta un conglomerado de ideas empaquetadas en una sola bobina de simplista candidez, dicotomías y una inocencia pretendida que hacen al espectador volver a su infancia, a su Edén, para que reinterprete problemas como el fanatismo, las apologías radicales, la pobreza, el sectarismo de la comunidad o la desestructuración de la familia.

En su única película como director, Charles Laughton (codirigiendo con el desacreditado Robert Mitchum) sigue la tradición alemana expresionista moviendo las ruedas de la cámara, las sombras y las luces a antojo de su clara intencionalidad. Poniendo la partitura, Walter Schumann, en plena sintonía jugando con sus leitmotiv que hablan del blanco-negro, del bien-mal, de las flautas-contrabajos, de Lillian Gish-Robert Mitchum. Todo al más puro estilo de los románticos y contemporáneos Korngold (sí, ese sin el que John Williams sería basurero) y Steiner.

Separando lo diegético en lo musical, los dos personajes que son luz y oscuridad (el falso predicador y la “buena samaritana”) combinan con su puesta en escena distintas melodías silbadas y cantadas que, luego de separadas, se unen en el momento climático de la película (Lillian Gish en su hamaca defendiendo a los niños).

El decorado juega un papel cerebral en la coordinación de todos los departamentos; son comunes los planos generales recortados por la luz en figuras poligonales o habitaciones iluminadas de forma que sólo discernimos siluetas de personajes, objetos y ventanas. De hecho, si la cinta deja un testigo visual en el espectador éste correspondería a la silueta en contraluz o a la sombra proyectada de diferentes personajes (también de objetos clave en escenas revulsivas: la escalera del sótano, la ventana y la hamaca en el asedio, la ventana en el granero o el propio granero sobre el cielo). A la vez, reivindico el papel del río en la trama: es donde descansa la barca estropeada del difunto padre, refugia la casa de Uncle Birdie (que en las sesiones de pesca se convierte en el mentor del pequeño Harper), oculta el cadáver de la madre Harper y libera y transporta a los niños como los nuevos “Moisés”.

En definitiva, esta noche de 35 milímetros es un cuento. Un lobo con piel de cordero (en el rebaño de Cristo), una cazadora (la abuela de Caperucita agarró su fusil) y una bala (la del mensaje que nos  succiona la carne con un disparo entre ojo y ojo a 25 fotogramas por segundo).

Fernando Polanco Muñoz

February 1st, 2010

PATATA PORNO GORE

Finalmente no pude ir a la última proyección de El Buque Maldito. A estas alturas el ocio siempre es sacrificable por cosas más serias. ¡La entrega del proyecto final se acerca y no tengo ni el 10% de la faena acabada! ¡Jarl!

Bueno, el caso es que este sábado sí que hay una cita indiscutible.

¿Alguna vez os he hablado de “La belleza de la señora patata“? Prometo que será de las últimas veces, en serio. Pero pasaos por AQUÍ a valorarla con honestidad. Es Shots, un certamen de cortometrajes de género fantástico organizado por Scifiworld.

Es el último cortometraje que hice y probablemente sea una de las últimas ocasiones de verlo en pantalla grande en Barcelona. La proyección está enmarcada entre las mil actividades del Porno Gore Garri Extreme Fest 2010.

Además ponen uno de los cortos-chorra más tronchantes de la década: “Torbellino de ostias“, de Adriá Cardona. Todo un triunfador de la última edición de Sitges.

Aquí toda la información del sarao:

February 1st, 2010

LOST: MICHAEL GIACCHINO ENCUENTRA

Si de un acontecimiento audiovisual tuviéramos que hablar en esta oscura y decadente etapa del dispositivo cinematográfico sería del profético estreno de la sexta y última temporada de “Lost”, en televisión. Y es que todos sabemos que cine, televisión e internet, santa trinidad en sagrado bautizo, tienden a una sola cosa sin identificación nominal aún. “Lost”, con internet como principal arma de marketing viral, la televisión como lanzadera de emisión, y el cine como principal referente estético y cualitativo, se nos ha presentado pionera en esta atractiva y jugosa macedonia de adjetivos tropicales.

Pero, ¿qué hace que esta serie nos imprima en nuestras retinas imágenes de calidad cinematográfica? ¿Es el exorbitado presupuesto que convierte su capitulo piloto en el más caro de la historia? ¿Es la crepuscular dirección de fotografía? ¿El estupendo casting? ¿Las variadas y exóticas localizaciones? Ya decía, quizá todo esto componga la sabrosa macedonia resultante pero, utilizando un sensorial símil: si cerramos los ojos, seguiremos sabiendo que estamos ante esta colorida macedonia por el olor y, en el caso de “Lost”, cerramos los ojos y, no olemos, pero sí oímos a Michael Giacchino.

El árbol de referencias que despliega este nombre abarca con sus ramificaciones títulos cinematográficos como la elástica animación “Los increíbles” (plagada de guiños al John Barry más espía), la navideña comedia “La joya de la familia” o la porción de queso “Ratatoille” (que le valió su, hasta ahora, única nominación al Oscar). Pero no fue el celuloide el embrión de este compositor de Nueva Jersey; el mundo del videojuego acogió sus primeros compases (siempre resonarán para los “jugones” las melodías de la adaptación para PlayStation de “Jurassic Park: The Lost World” o de las eterna sagas “Medal of honor” y “Call of Duty”) y, posteriormente, acompañó realidades en “cuatro tercios” de series como “Alias”, en la que comenzó su fértil amistad con el realizador y productor J. J. Abrahams.

“Lost” supuso su carta de presentación al público internacional, destinatario con el que no ha dejado de mantener correspondencia (recuerden aquella epístola electrizante titulada “Misión imposible III” o la de su viaje estelar “Star trek”). Pero, sin duda, en esta maravillosa trayectoria a bordo de su particular “Enterprise” pentatónica huelga señalar la última parada relevante: Kodak Theater, año 2009, ceremonia de entrega de los premios de la Academia, Michael Giacchino, director de orquesta.

Y es que Giacchino es la pátina emocional necesaria para dotar a un producto audiovisual como “Lost” de un alma personal y distintiva. Casi el 95% de las series de televisión actuales utilizan elementos sintéticos y electrónicos para musicalizar, sólo “Battlestar Galactica 2003” (con el genial minimalismo de Bear McCreary) y “Lost” apuestan por una elaboración costosa y “en vivo” llegando a emular, y superar, la música de cine. Concretamente, los encargados de traducirla en directo componen la “Hollywood Studio Symphony Orchestra” (con las partituras de “Las crónicas de Narnia” o “Spiderman 2” en sus carpetas de trabajo).

Pero recordemos que estos treinta y siete músicos no son más que intérpretes, es Giacchino el que regurgita cada temporada más de 24 horas de música original, un trabajo mastodóntico que requiere además una velocidad frenética ajustada a los tiempos de la televisión. Dos días para escribir y orquestar y un tercero para grabarlo todo.

¿Y qué come un músico como Giacchino para vomitar partituras de tamaña calidad? Dice en sus entrevistas que para “Lost” el menú del que se nutre incluye un primer plato entrante del instinto camaleónico y ecléctico de Jerry Goldsmith, varios gramos del clasicismo de Max Steiner, salsa de Benny Goodman, un segundo plato relleno de “leitmotiv”, la constante especia del chef John Williams, y un fresco postre del Hermann más terrorífico (“Twilight zone”) y aventurero (“7th voyage of Simbad”).

Durante la escritura de las últimas temporadas de la serie, confiesan algunos de sus guionistas, en escenas de tono muy concreto escribían anotaciones como Giacchino comienza sus acordes lentamente y va subiendo mientras John Locke observa la selva y suena su melodía. Todo un avance en la escritura cinematográfica.

Y sabían con toda seguridad que estas anotaciones influirían directamente al director e incluso al propio actor, pues jugaban con unos códigos harto conocidos. Además, los temas referentes a personajes se convierten en leitmotivs que evolucionan temporada tras temporada, siendo característicos también los de composiciones melódicas relacionadas con “las excursiones” (siempre que los protagonistas caminan de un lado a otro), el “humo negro”, “los otros” o las distintas localizaciones como el campamento, el poblado, el aeropuerto, el psiquiátrico de Hurley o las diferentes estaciones “Dharma”.

Leyendo los “tracklist” de sus trabajos editados, podemos observar también cómo es proclive a realizarse guiños a sí mismo o a jugar a rotar combinaciones de títulos (en concreto, leitmotivs variantes de John Locke: “Crocodile Locke”, “Locke´d out again”, “Throught the locke-ing glass”, “Locke´ing horns” y “Locke about” durante las cuatro temporadas editadas en disco compacto).

Siendo coherente con la filosofía narrativa de “Lost”, Michael Giacchino confiesa que a la hora de componer la música tiene que hacerlo por partes y en orden, pues si sabe el final del episodio le resultará inevitable predecirlo musicalmente; escribe escena a escena. En ese sentido, al oír la música de la serie, el espectador y el compositor van de la mano, es una experiencia en primera persona, y en completo directo musical.

En cuanto a la selección de instrumentos, el clasicismo teórico en el que se inspira para llegar a las emociones y a los personajes es abandonado, llegando al extremismo de sorprendernos con una percusión compuesta por piezas reales del fuselaje de un avión siendo golpeadas, todo un área de vanguardia y experimentación. Además, suele incorporar instrumentos tribales o extintos de antiguas civilizaciones para darle el aire exótico, misterioso y desconocido que destila el tono general de la serie.

Pero si queremos ser justos con todo el “corpus” musical de “Lost” no puedo acabar sin mencionar dos elementos importantísimos en su definición. El primero, quedará para la posteridad como otro himno televisivo a la altura de las melodías de “Expediente X” o “El coche fantástico”, y me refiero a ese sonido inquietante y ondulado que acompaña al letrero inicial de cada capítulo. Al igual que la música de cabecera de Alias, el compositor es el mismísimo director y productor J. J. Abrahams, todo un artista polifacético. En este caso, un solo sonido continúo que se desvanece lentamente, puro minimalismo que sintetiza el espíritu de la serie de forma brillante.

El segundo elemento musical corresponde a todos esos temas “diegéticos”, de procedencia visible, correspondientes a la realidad de los personajes. No están en todos los capítulos, pero cada vez que aparecen se convierten en recuerdos memorables que tararearemos. Canciones como “Gouge Away” de los Pixies, “Wonderwall” de Oasis o “Fire walk with me” de Fantômas, serán relacionadas inevitablemente con un momento “lost” a partir de ahora. Es curioso cómo, en la distribución internacional, estas canciones varían en dependencia a la cultura popular musical de cada país.

Para cerrar estos párrafos, concluir señalando que si la música de “Lost” liga con todo el conjunto de la serie es porque sigue la dirección de ésta: los personajes y sus emociones. Por muchas conspiraciones, “humos negros”, osos polares y demás complicaciones fantásticas que haya, las relaciones entre Jack, Kate, Sayid, Sawyer, Hurley, Juliet, Faraday y demás priman. El amor, los celos, la amistad, la desconfianza, la soledad, la esperanza y todos los hilos tejidos por ese maravilloso equipo de guionistas son la capa narrativa que dejará lleno el poso emocional del espectador.

Y eso Michael Giacchino lo sabe.

Fernando Polanco Muñoz

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