Después de una crisis en el servidor del blog (todas las imágenes desaparecieron) os meto un cañonazo de texto que escribí “por encargo”. Hablemos de roboses.
- INTRODUCCIÓN
Una réplica de Gort, el impasible robot de “Ultimátum a la Tierra” (Robert Wise, 1951), reposa desde 2006 junto a
colegas de condición como C-3PO (“Star Wars”), María (“Metrópolis”) o el simpático Robby (“Forbidden Planet”) en el Salón de la fama de los robots.
Su visera metálica refleja tres palabras grabadas con cincel láser en el expositor: Klaatu – Barada – Nikto, “una de las órdenes más famosas de la ciencia ficción”, reza.
Huelga recordar que la pronunciación de esta tríada salva la vida de Klaatu y repone los valores morales del robot Gort frustando sus intentos de destruir a la Humanidad en la citada película de Robert Wise.
Para la popular revista Cinefantastique es “la frase más famosa pronunciada jamás por un extraterrestre”, con el permiso de E.T. claro.
Mucho se ha especulado sobre el significado de estas palabras. El profesor de filosofía Aeon J. Skoble las etiqueta como un “safeword” (parte de un dispositivo para evitar grandes daños ante un fallo del sistema). Su traducción es “Klaatu ha sido asesinado, sálvalo”. Otro ratón de biblioteca (un tal Trevor Reznik) señala tras una ardua investigación de los títulos de crédito la existencia de un asesor de Sánskrit (una lengua indoeuropea) en nómina. Para Trevor la palabra Barada equivale a Camino y Nikto a Noche.
¿Klaatu, camina hacia la noche? ¿Klaatu, va al club nocturno? ¿Cuál es la verdadera traducción de esta Santa Trinidad Verbal? Como diría Ende, esa es otra historia (seguro que más aburrida), pues lo que nos ocupa en estas líneas es bien distinto.
Habrá explosiones, sexo, lásers, plasma, bombillas… y culos metálicos. Y es que lo que viene a continuación es un emocionante recorrido que sigue la estela del robot en el cine de ciencia ficción de la forma más aristotélica posible: tres actos numerados con títulos que van de graciosetes.
- 1ER ACTO – KLAATU: DEL MITO AL HITO
Desde que Galatea, la estatua de Pigmalión, cobró vida en la Antigua Grecia, el imaginario colectivo ha dado alma y forma humanoide a lo inerte hasta la saciedad. El mito por antonomasia del hombre-Dios dador de vida descansa en la leyenda hebrea “El Golem”, una estatua animada por magia cabalística que adquiere condición orgánica a partir del barro. La película de Paul Wegener de 1915 es la primera adaptación conocida. No sólo representa a la perfección el movimiento del expresionismo fantástico alemán sino que se ha convertido en una cinta atemporal.
Y no es gratuito remontarse tan atrás para hablar de Gort, pues para dar vida a El Golem hemos de grabar en su frente la palabra “EMET” (verdad en hebreo) y, si borramos la primera letra y lo dejamos con “MET” (muerte), el alma del Golem se evapora y vuelve a convertirse en un ser inerte.
El poder del génesis queda en manos del verdadero Dios: el escritor. La creación es el verbo, decía Unamuno, lapalabra verbalizada, para Gort, la muerte. Curiosa similitud, ¿verdad?
Un poco más tarde, el doctor Frankenstein actualiza a Prometeo y regurgita el sino de fatalidad negra de El Golem. Los nuevos seres tienen brazos, piernas e incluso cerebro, pero la dimensión humana parece lejana a ellos. El alma parece exclusiva creación del laboratorio de Dios.
Pero saltemos en el tiempo con el skate de Marty Mcfly hasta el siglo XX.

La tecnología está loca, loca, loca y el teatro le cambia el nombre al Golem: nace el robot (en 1922 se nombra por primera vez en una obra inglesa de Capek).
Algunas máquinas comienzan a integrarse en la rutina social. Cacharros que nos despiertan, cacharros que noscocinan, cacharros que nos transportan, cacharros, cacharros y cacharros.
El barro se torna gris y chirria a los golpes.
¡Bienvenidos a la Era del Metal Inteligente!
- 2º ACTO – BARADA: 3 LEYES PARA GOBERNARLOS A TODOS
Presentar a Isaac Asimov se presume algo prescindible. Su nombre se asocia automáticamente a tres postulados, las Leyes de la Robótica:
- Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
- Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primer Ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.
Pero los robots no quieren ser cacharros, quieren ser hombres, hombres bicentenarios. Asimov expresó lo mejor y lo peor de sus amigos metalizados. Habló de sus derechos, de sus abusos y, sobre todo, de las paradojas que evocaban la interacción entre éstos y nosotros, los humanos.
Gran parte del cine de ciencia ficción mana de la imaginería y el denso flujo de conceptos creado por este escritor. De hecho, la principal dicotomía en el subgénero robótico ya está en sus primeros relatos cortos: el robot, ¿amigo o amenaza?
Mucho del cine y la televisión de fantaciencia habla de la amenaza exterior y remite a los autómatas con desconfianza y temor. Daryl, María, Hal 9000, Ed 209 son ejemplos de frialdad, independencia y poder. Puras armas en manos del malo de turno o entelequias autónomas sin ningún control. No están bajo el yugo de las tres leyes, tienen su propio código moral, pueden dañar a un humano.
En la otra banda, R2D2, C-3PO, Wall-e, Johnny 5, Optimus Prime o Gertie (“Moon”). Humanoides en carácter. Amistosos por resultar torpes o simpáticos, a veces inútiles pero, sobre todo inofensivos para nuestra raza. Están sometidos a las tres leyes y son el mejor sustituto al “mejor amigo del hombre”.
Los robots nunca han sido tan populares como los extraterrestres, han servido tanto a humanos como a marcianos o venusinos. Siempre han sido esclavos del universo. Pese a todo, tuvieron su época de esplendor popular durante la carrera espacial y han quedado relegados al merchandising infantil siendo abrelatas o cascanueces graciosos.
Y si en el primer bloque descubríamos la relación entre la tríada de Gort y el mito de El Golem, ahora daremos un paso más. “Klaatu Barada Nikto” se convierte en el grito de guerra del nuevo robot: el cyborg (cybernetic organism).
Mitad hombre, mitad máquina, tendrá que pronunciar estas tres palabras tras viajar en el tiempo a la Edad Media. Pero erra y despierta al Ejército de las Tinieblas.
Es Ash, y ya sé que no es el primer cyborg en la Historia del cine pero es puro carisma en carne (y en sierra eléctrica). Sam Raimi vio “Ultimátum a la Tierra” y realiza un homenaje que nos sirve como puente mitad-carne-mitad-hierro.
Una sola conciencia, diferentes piezas, como el monstruo de Frankenstein. El robot adquiere la condición humana definitiva. De amenaza externa pasa a interna (¿qué diferencia un cylon de un humano?) y se convierte en algo nuevo. Las fronteras son indivisibles, ya no es el robot el que aspira a humano, es lo contrario. La esperanza de vida se dilata, los órganos se criogenizan mientras funcionan, sólo la conciencia envejece.
Entre los híbridos más reconocidos podemos encontrar a Data de “Star Trek”, Ash de “Alien”, Roy Batty de “Blade Runner”, la Reina Roja de “Resident Evil”, Terminator o Robocop.
- 3ER ACTO – NIKTO: NO ME CUENTES BATALLITAS (si te faltan tuercas)
Y entramos en la etapa final con lo obvio: el remake. Y para no ser menos me plagiaré a mí mismo en mis primeras líneas:
“
Una réplica de Gort, el VIOLENTO robot de “Ultimátum a la Tierra” (Scott Derrickson, 2008), reposa junto a colegas de condición como C-3PO (“Star Wars”), María (“Metrópolis”) o el simpático Robby (“Forbidden Planet”) en el Salón de la fama de los robots.
De repente, UNA EXPLOSIÓN. Tres universitarias corren espantadas ENSEÑANDO CACHO. Gort ha despertado, y tiene ganas de JUERGA. En un vórtice de ALCOHOL y DESTRUCCIÓN Gort descubre que ni Klaatu, ni Barada, ni Nikto, que él lo que quiere es TRIUNFAR EN HOLLYWOOD como SU ABUELO.
”
Gort gana en tamaño pero pierde en encanto. Se convierte en un ipod, como los autómatas de “Yo, robot”. Las palabras mágicas vuelven a pronunciarse en este remake que rompió la taquilla (gracias a Dios no lo suficiente como para una secuela).
“Klaatu Barada Nikto” re-resonó en los monitores de un cine. Pero con la misma efectividad que un guión ignífugo (sin chispa pero con mucha explosión de ectoplasma, por la fantasmada).
Al robot no le queda más que reírse de sí mismo. Como diría Bender, nervio imprescindible de “Futurama”, y para cerrar con la frase de un futuro texto:
“Humanos,
besad
mi
brillante
culo
metálico”
























