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monstruo
March 21st, 2010

DAWN OF THE DEAD (1979) George A. Romero

Cuando no hay más espacio en el infierno, los muertos caminan por la Tierra”, comienza advirtiendo la primera y última figura religiosa de la segunda película de la saga “de los muertos” de George A. Romero. Un cura afroamericano con una sotana clásica y su alzacuellos reglamentario, el único que nos ofrecerá en todo el filme una explicación a la repentina y misteriosa resurrección de los cadáveres.

El caos de un plató televisivo nos inicia en la información más básica de la catástrofe. Un debate entre periodistas ha creado polémica, se han generado dos posturas opuestas, dos bandos distintos de actuación. Romero nos retrata aquí el cacareo televisivo de personajes excéntricos que no saben nada y dicen mucho. Los jefes de la cadena quieren tener información del exterior aunque con ello pierdan la vida sus reporteros: la competencia por la exclusiva, por generar realidad televisiva; si no es noticia, no existe.

La aparición del ejército va acompañada de violencia desmesurada, incluso varios de sus miembros pierden el control en una redada a un piso del extrarradio. Así, los primeros muertos vivientes que aparecen van precedidos del asesinato por parte de varios militares de una banda de negros y latinos en un edificio de clase media-baja. Y todos estos primeros muertos vivientes serán inmigrantes y gente pobre: el mal comienza por las clases menores, se introduce por las lacras marginadas.

Pero el “virus” se ha extendido por todas las ciudades y las autoridades competentes han perdido legitimidad, los grupos de víctimas se alían para buscar lugares seguros lejos de este peligro externo (aunque realmente podemos considerarlo principalmente interno ya que no es más que la lucha del hombre con el hombre). Y esta amenaza no tiene posibilidad de ser asimilada, debe ser aniquilada ya que el caos, el anarquismo y el desorden han hecho que las fronteras de la amenaza sean difusas y ambivalentes.

Los cuatro personajes principales encontrarán en un centro comercial el lugar idóneo para intentar sobrevivir. Peter y Roger son dos compañeros del ejército que verán en esta situación una oda a la violencia, un culto al arma y una diversión infantil. Con sus paseos por el centro comercial pistola en mano banalizarán la muerte entre robo y robo. Peter, el negro, es el más comedido, con un código moral férreo y pocas palabras se regocijará en cada disparo pero no llegará al nivel de Roger, que en un momento de locura se verá poseído por un síndrome de violencia absoluta e injustificada. Roger se definirá perfectamente al pronunciar sobre los zombis: “tienen una ventaja sobre nosotros: que no razonan”. La veleta direccional de este personaje es la irracionalidad y el instinto más básico, cualquier atisbo de racionalidad en sus acciones lo considerará un defecto (una postura completamente contraria al filósofo parlante de la televisión: “debemos actuar racional y lógicamente”). Para ninguno de estos dos personajes hay un futuro, no tienen una familia que les espere ni esperanza para formar una nueva, han aceptado su papel de guerreros y lo cumplen hasta el último momento.

Por otra parte, Stephen y Francine son Adán y Eva en una nueva sociedad, el nuevo génesis de la especie humana. Stephen comienza con poco éxito su relación con el dúo Roger-Peter, pero a medida que los peligros les comen terreno, será aceptado paralelamente a que mejore su dominio de las armas. Francine es la única mujer del grupo, además embarazada, subestimada y apartada de las aventuras del resto. Exige aprender a conducir el helicóptero y a disparar un arma y la relación con el dúo Roger-Peter irá mejorando durante el desarrollo de la trama, pasando de un papel completamente pasivo a uno altamente activo en el final de la cinta.

Respecto a las convenciones del género para la presentación, descubrimiento y el enfrentamiento con “el monstruo”, Romero es consciente de los conocimientos previos del espectador. Tras una mínima presentación de carácter sintético, sin más preámbulos, se centra directamente en el enfrentamiento entre los personajes principales y “el monstruo” (en este caso más de uno). La personalidad de estos zombis dará momentos cómicos como el paseo por el centro comercial del zombi budista con pandereta en mano o los impulsos de muchos de éstos muertos vivientes por “ir de compras”, “es un reflejo inconsciente de lo que hacían diariamente en su vida”, diría uno de los personajes en una clara crítica al consumismo capital.

Aunque sí es cierto que el sentido del humor no es uno de los fuertes de “Zombi”, al menos en comparación al gore cómico y ácido al que nos tiene acostumbrado Romero hasta hoy (incluso en su última “Diary of the dead” con la ya inmortal escena del amish sordomudo). Si la comedia es un punto extra en el género de terror, Romero no ha puntuado esta vez.

También fuera de los clichés del género está la sobriedad del montaje, con continuas elipsis y un tufillo a documental que ha envejecido mal. Como consecuencia directa: el uso de unas lentes de 50 mm. con cuadros sin apenas profundidad ni volumen y unas imágenes poco impactantes. También el entorno del centro comercial ha reducido el barroquismo al que estamos acostumbrados en castillos, casas encantadas y cementerios a unas paredes de cemento completamente planas y sin ornamento alguno.

Y, acabando con la narrativa, nos encontramos un enfrentamiento final con “el monstruo” mezclado con una batalla entre humanos: los saqueadores han entrado en el centro comercial y no tienen buenas intenciones. De nuevo la línea entre los buenos y los malos se difumina, quedando los monstruos en un segundo plano para centrarse en una guerra civil entre hombres con un enemigo común. Y el desenlace, completamente abierto como corresponde a una película de terror de los ochenta, con vistas a un futuro incierto, dos personajes que viajan sin destino en helicóptero (sin destino y sin apenas gasoil). Una mujer embarazada, y toda la esperanza que eso conlleva.

March 15th, 2010

Jorobas y Templarios

Llego de Granada a Cádiz y me encuentro en el mail con una sana noticia: ¡nuevas proyecciones de EL BUQUE MALDITO! Aquí va toda la información.

Tras unas semanas de descanso, volvemos con una sesión muy especial compuesta por dos títulos de culto: “El ataque de los muertos sin ojos”, de Amando de Ossorio, y “El jorobado de la morgue”, de Javier Aguirre. Dos películas de terror españolas realizadas en la década de los setenta.

El primer pase será el viernes 9 de abril, con la película del realizador gallego “El ataque de los muertos sin ojos”.
Segunda entrega de su mítica tetralogía sobre los Templarios y donde contaremos, en el pase, con la presencia de la actriz protagonista Esperanza Roy; todo un icono de la España de la década de los setenta.

Y el sábado 10 de abril, la proyección de “El jorobado de la morgue”.
Uno de los grandes clásicos del cine de terror español compuesto por un reparto de lujo, Paul Naschy, María Perschy, Antonio Mayans, María Elena Arpón y Manuel de Blas, entre otros, y donde los experimentos del
mad doctor Orla, interpretado por Alberto Dalbés, junto a su ayudante Gotho, Paul Naschy en una de sus mejores interpretaciones, nos harán disfrutar de todo un clásico firmado por el director Javier Aguirre, que estará con nosotros en la proyección para hablarnos de la película y de otros trabajos suyos relacionados con el cine fantástico y de terror como “El gran amor del conde Drácula” (1973).

March 3rd, 2010

Entrevista: ORIOL TARRAGÓ

Comienza marzo en Barcelona y hasta ayer se presagiaba una primavera soleada. Pero llueve muchísimo.

Me compro un paraguas en un chino de la Gran Vía y me reúno con Oriol Tarragó para inaugurar en el blog un bloque de entrevistas: Profesionales del fantástico.

Entramos en un pequeño restaurante italiano de ambiente tranquilón. Disfrutamos de un delicioso menú finiquitado por un exquisito postre de tarta de chocolate. Mientras, charlamos. Oriol está muy apurado de tiempo, se encuentra trabajando en dos películas a la vez. Pero eso no quita que tenga unos minutos para una buena conversación.

Antes de transcribir la entrevista os recuerdo que Oriol es lo que en Hollywood se conoce como “sound designer”, el escalón más creativo del proceso sonoro de una película. En su currículum constan títulos conocidísimos como “[Rec]” (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), “Spanish Movie” (Javier Ruíz Caldera, 2009) o “El orfanato” (J. A. Bayona, 2007), que le hizo merecedor de un premio goya .También ha sido montador de sonido de películas como “La monja” (Luís de la Madrid, 2005), “El espinazo del diablo” (Guillermo del Toro, 2001) o la maravillosa “Cuento de navidad” (Paco Plaza, 2005).

F > ¿Por qué te decidiste profesionalmente por el cine?

O > Recuerdo desde pequeño, al llegar el verano, que lo primero que hacía era quedar con un amigo y hablar de todas las películas que veíamos durante el invierno.

También que al llegar la noche, cuando empezaban las películas de miedo, mis padres me obligaban a ir a la cama. Entonces, desde la oscuridad, sólo podía oír los gritos, los golpes de las víctimas o la música terrorífica. ¡Pasaba un miedo!

De esos años recuerdo especialmente películas como Blade Runner, tengo grabadas las imágenes de las chinas o los ojos congelados. Fue la época también de “Los Goonies” o “Halloween”. Me encantaba el cine de ciencia ficción. Como todos, también quería ser astronauta. La colcha de mi cama estaba invadida por el logo de la NASA.

F > La escuela

O > Todos en mi familia son arquitectos. Están en el mundo de la imagen. Cuando llegó el momento de decidir estudiar una carrera conocí la ESCAC, me parecía super-raro que existiera una carrera de cine y audiovisuales. Mi padre no me dio el visto bueno pero me presenté a escondidas en las pruebas de aptitud. Y las aprobé.

Como proyecto final fui a Singapur de intercambio junto a unos compañeros y codirigimos un documental sobre la ciudad. No tenía idea de Asia, era la primera vez que la visitaba. Pero nos lo pasamos genial.

F > ¿Para qué sirven las escuelas de cine?

O > Es claramente un sitio donde formarse, pero no sólo eso. Es tan importante aprender con el análisis de una escena de Blade Runner como conocer gente. Actualmente trabajo continuamente con antiguos compañeros: J. A., Guillem Morales o Kike Maíllo, todos de la primera promoción.

Además, he oído que la producción cinematográfica nacional está pasando de Madrid a Barcelona. Y creo que la ESCAC es muy culpable de eso.

F > ¿Hay cantera?

O > Por supuesto. De hecho, todos mis ayudantes han pasado de ser mis alumnos a tener sus propias pelis.

F > ¿Te sientes amenazado por ellos? ¿Son futura competencia?

O > ¡Para nada! Cada vez se hacen más películas, antes la gente se peleaba por entrar en una peli. Ahora está más fácil.

F > ¿Cómo saltaste al mundo profesional?

O > Uno de mis profesores de producción hizo una peli y nos llamó a varios compañeros de clase. Tuvimos la oportunidad de ser jefes de equipo. Es un poco como hace Escándalo Films ahora con los alumnos de la ESCAC. Tienen la oportunidad de ser jefes de equipo, cobrando un poco menos, pero sin tener que empezar de meritorios y tal.

F > ¿Tuvieron tu misma suerte tus compañeros de promoción?

O > Bueno, suelo decir que somos la promoción de la posproducción. Algunos se han desvinculado del cine. Otros como David Gallart, Bernat Vilaplana y yo curramos mucho. Pero hay muchos niveles. ¡Bernat Vilaplana trabaja en “El Hobbit”! Eso son las altas esferas.

Yo estoy más vinculado al cine de terror. Tengo muchos compañeros que trabajan más en cine de autor y eso. A mí me dicen que me encargan siempre el cine de palomitas.

F > ¿Cómo es tu proceso de creación sonora?

O > Pues primero de todo tengo que tener el sonido que quiero en la cabeza. Si no me lo imagino, no puedo buscarlo. Porque si te pones a buscar y a buscar a ver qué sonido poner puede ser infinito.

F > ¿Cuál consideras ha sido tu proyecto más complejo?

O > Siempre intento trabajar película a película, y lo pasé realmente mal cuando se me acoplaron dos proyectos: “[Rec]” y “El orfanato”. Llegaba a mi casa y no sé si lloraba de agotamiento o de alegría, realmente ha sido de las experiencias más gratificantes de mi carrera.

Aunque si hablamos de dificultad, ahora me encuentro intentando sonorizar un gato-robot de “Eva”. Si te dijera el sonido que finalmente he utilizado… Mejor no, porque no serías capaz de oír otra cosa. A ver si lo adivinas cuando veas la peli.

F > ¿Futuros proyectos?

O > Ahora estoy trabajando en “Los ojos de Julia” de Guillem Morales y en “Eva” de Kike Maíllo, ya he dicho que me gusta ir de una en una, pero Kike es un gran amigo.

Aparte, estoy, como todos, expectante por la nueva peli de Bayona, un director superexigente y un pequeño (por tamaño) Guillermo del Toro. Ahora se encuentra en proceso de escritura y por supuesto trabajaré con él.

F > ¿Cómo te definirías como profesional?

O > Muy exigente conmigo mismo. Desordenado aparentemente pero con la cabeza muy ordenada. Más creativo que técnico.

F > Un sonido de cine

O > Las motos voladoras de El retorno del jedi.

F > Un sonido para borrar

O > Las motos con los tubos de escape rotos.

F > Una película de terror

O > Halloween de John Carpenter

F > Una película de ciencia ficción

O > Solaris. Y de ciencia ficción / terror: Alien.

February 3rd, 2010

ANGUSTIA (1986) Bigas Luna

Diciembre de 1986, Festival de cine fantástico y de terror de Sitges: Bigas Luna, uno de los directores más polémicos y personales del cine español sorprende a locales y foráneos con “Angustia”, título de terror nacional sólo superado por, si el arte del subjetivismo me lo permite, “¿Quién puede matar a un niño?” de Narciso Ibáñez Serrador y “[REC]” de Paco Plaza y Jaume Balagueró.

Juan es oftalmólogo y tiene una curiosa afición: colecciona ojos. Su madre  ejerce sobre él un fuerte dominio psicológico, le ordena dirigirse a un cine, donde coincide con Linda y Patricia, dos amigas que han ido a la sesión matinal. El efecto hipnótico de la película les hará pasar por una extraña y laberíntica situación.

Pero lo interesante de esta cinta calificada como “rare avis” no concierne a su categoría genérica ni a su escasa repercusión, sino a su juego metalingüístico y a su experimentación sociológica dentro del individuo (siendo el cine de recepción personal Bigas implica, como ya veremos, al entorno, a la propia sala y a sus espectadores a la vez que a todo el imaginario colectivo referente al pánico, la histeria y la sugestión).

Buenas noches a todos, bienvenidos a nuestra película. Como habrán observado, hemos instalado en el vestíbulo asistencia médica totalmente gratuita disponible con solo presentar la entrada. También hay máscaras de oxígeno a su disposición en cada butaca.
Y, durante la película, no hable con nadie que no conozca.

Sin andarse por las ramas, lo primero que nos comunica el filme es su autoconciencia. Habla de sí mismo, de las condiciones en las que está siendo proyectado, se dirige directamente al espectador, habla de lo que hay fuera de la sala: crea una realidad. Además, nos advierte de la excentricidad de lo que vendrá a continuación, de los posibles ataques ante la intensidad y los mensajes subliminales a los que estará expuesto el espectador. Así, se plantea un espectáculo interactivo que resemantiza el visionado tradicional de una proyección.

Y este juego de muñecas rusas se retuerce aún más cuando, en el primer tercio, la proyección se desdobla y vemos cómo unas adolescentes asisten a la proyección de la película que antes recibíamos, esas espectadoras pueden estar en la butaca de enfrente o en la de al lado, son nuestra realidad, respiran en nuestra misma sala. Son nosotros mismos, están sufriendo la película de la misma forma que nosotros. Y entonces la magia. El asesino de la película primera se integra en la segunda, con la que nosotros coexistimos. El peligro se convierte en real, la sugestión se evapora, la histeria es palpable y el pánico intercala miradas con los ocupantes de los asientos más cercanos.

Pero que ese juego de ficciones, realidades, metarealidades y subficciones no confunda, el mensaje es claro: las imágenes se encuentran hoy en el vértice superior del triángulo jerárquico de la influencia. Y, si el cine es ya un buen arma de generación, la televisión es la bomba H definitiva (llegando a los límites de “Poltergeist”, con la que, curiosamente comparte actriz, Zelda Rubinstein, recientemente fallecida).

La recepción individual (televisión) del audiovisual responde a patrones de una posterior relación social que tiene como objeto de mediación el producto audiovisual comúnmente consumido con el beneficio de la reflexión en pretérito: “Un escalofrío me recorrió en la escena final” dice el distanciado espectador. Y, por la contra, ante el consumo colectivo (salas de cine): la desnudez, la pérdida de la intimidad espectatorial, las emociones públicas: “un escalofrío me recorre en este momento”, dice el espectador en presente, y me estás viendo, estás a mi derecha, compartimos punto de vista, vecino de butaca, nos aunamos en sensaciones, somos un todo viviente, un ente emocional, humanidad abstracta.

Fernando Polanco Muñoz

February 2nd, 2010

EL EXTRAÑO VIAJE (1964) Fernando Fernán Gómez

Para ver joyas en el cine español no es necesario armarse de pico y pala, escarbar en alguna mina profunda y descubrir una ancestral y milenaria filmoteca. Sólo tenemos que inflar los pulmones, olvidar la pereza prejuiciosa y repasar año tras año las producciones nacionales.

Retrocediendo hasta 1986 los primerizos premios Goya nos darían un nombre capital para una bonita retrospectiva: Fernando Fernán Gómez (que con “El viaje a ninguna parte” levantó los primeros bustos goyescos como “mejor director”, “mejor película” y “mejor guión original” y con “Mambrú se fue a la guerra” como “mejor actor). El salto es inevitable; repasando su filmografía admiraríamos títulos populares o  malditos, pero el que aquí ocupa, gestado en plena década de los sesenta (con todas sus consecuencias), brilla con el paso de los años tanto por su  calidad atemporal como por su poca presencia.

Extraño título para una película que transcurre casi en su totalidad en un pequeño pueblo de los alrededores de Madrid. ¿Será el “viaje” al que hace referencia la propia forma del discurso? Y es que la estructura narrativa de la película responde a los esquemas cruzados del suspense de “Alfred Hitchcock presenta”, “Historias para no dormir” de Narciso Ibáñez Serrador o de las novelas de Agatha Christie. Siempre con el factor cañí español que da el acorde humorístico y forma un híbrido fílmico del que incluso hoy beben gente como Sánchez-Cabezudo (“La noche de los girasoles”),  Daniel Monzón (“La caja Covak”) o Rafa Cortés (“yo”).

Tanto la forma como el tema y los personajes vinculan la cinta al género de suspense, pero es interesante cómo roza el terror y el fantástico sobre todo cuando la cámara está dentro de la casa de Doña Ignacia: primeros términos de animales disecados, sombras, puertas que se mueven solas, gatos negros, el doble o el sustituto en la resurrección, los hermanos “freaks”, etc.

Me resulta inevitable citar “Angustia” de Bigas Luna. La relación madre-hijo de los protagonistas de esta película es similar a la del tándem Venancio-Paquita frente a Ignacia (más madre que hermana). Y, cómo no, el Norman Bates de “Psicosis” (travestismo incluido). De ambas referencias, aparte de la peculiar jerarquía de sumisión familiar, también es comparable el bizarrismo de la atmósfera y la presencia como personaje de la casa.

Da la sensación durante todo el film de que la trama está ocurriendo dentro de la casa y que el resto del pueblo no son más que espectadores que, como nosotros, comentan lo que va ocurriendo. Así, “El extraño viaje” seguiría la estela de crímenes rurales iniciada con éxito por títulos como “El clavo” (Rafael Gil, 1944), “El crimen de la calle bordadores” (Edgar Neville, 1946) o “Domingo de carnaval” (Edgar Neville, 1945) que tienen a la “comunidad” como un personaje más.

Acabando, vuelvo a subrayar el artificio narrativo de la resolución del misterio del asesinato. Mediante una retrospectiva en el último cuarto del metraje, escenas antes insignificantes se completan ahora en sentido a través del discurso del personaje de Carlos Larrañaga. Este recurso se ha desarrollado hasta el día de hoy alzándose como la principal característica del “thriller” (podemos relacionar en un mismo eje cronológico películas como “El extraño viaje”, “Instinto Básico” o “El club de la lucha”).

En definitiva, vemos en este título uno de los puntales de la filmografía de Fernando Fernán Gómez. Un flime cargado de ingenio narrativo y personajes complementarios. Aplaudido por la crítica y fugaz para el público (incomprensible dada su condición coral y comunitaria y su digestiva historia). Pero, sobre todo, un manual de hacer fácil lo difícil (en tiempos difíciles).

Fernando Polanco Muñoz

February 1st, 2010

LA NOCHE DEL CAZADOR (1955) Charles Laughton

La Guerra Fría se intensificaba con la Guerra de Corea, la UE abría los ojos, el comunismo llegaba a China y el vampírico consumismo inflaba la industria estadounidense. Eran tiempos complejos y había que llegar a la gente con ideas sencillas.

Como una fábula para niños, este título de mediados de los cincuenta nos presenta un conglomerado de ideas empaquetadas en una sola bobina de simplista candidez, dicotomías y una inocencia pretendida que hacen al espectador volver a su infancia, a su Edén, para que reinterprete problemas como el fanatismo, las apologías radicales, la pobreza, el sectarismo de la comunidad o la desestructuración de la familia.

En su única película como director, Charles Laughton (codirigiendo con el desacreditado Robert Mitchum) sigue la tradición alemana expresionista moviendo las ruedas de la cámara, las sombras y las luces a antojo de su clara intencionalidad. Poniendo la partitura, Walter Schumann, en plena sintonía jugando con sus leitmotiv que hablan del blanco-negro, del bien-mal, de las flautas-contrabajos, de Lillian Gish-Robert Mitchum. Todo al más puro estilo de los románticos y contemporáneos Korngold (sí, ese sin el que John Williams sería basurero) y Steiner.

Separando lo diegético en lo musical, los dos personajes que son luz y oscuridad (el falso predicador y la “buena samaritana”) combinan con su puesta en escena distintas melodías silbadas y cantadas que, luego de separadas, se unen en el momento climático de la película (Lillian Gish en su hamaca defendiendo a los niños).

El decorado juega un papel cerebral en la coordinación de todos los departamentos; son comunes los planos generales recortados por la luz en figuras poligonales o habitaciones iluminadas de forma que sólo discernimos siluetas de personajes, objetos y ventanas. De hecho, si la cinta deja un testigo visual en el espectador éste correspondería a la silueta en contraluz o a la sombra proyectada de diferentes personajes (también de objetos clave en escenas revulsivas: la escalera del sótano, la ventana y la hamaca en el asedio, la ventana en el granero o el propio granero sobre el cielo). A la vez, reivindico el papel del río en la trama: es donde descansa la barca estropeada del difunto padre, refugia la casa de Uncle Birdie (que en las sesiones de pesca se convierte en el mentor del pequeño Harper), oculta el cadáver de la madre Harper y libera y transporta a los niños como los nuevos “Moisés”.

En definitiva, esta noche de 35 milímetros es un cuento. Un lobo con piel de cordero (en el rebaño de Cristo), una cazadora (la abuela de Caperucita agarró su fusil) y una bala (la del mensaje que nos  succiona la carne con un disparo entre ojo y ojo a 25 fotogramas por segundo).

Fernando Polanco Muñoz

February 1st, 2010

PATATA PORNO GORE

Finalmente no pude ir a la última proyección de El Buque Maldito. A estas alturas el ocio siempre es sacrificable por cosas más serias. ¡La entrega del proyecto final se acerca y no tengo ni el 10% de la faena acabada! ¡Jarl!

Bueno, el caso es que este sábado sí que hay una cita indiscutible.

¿Alguna vez os he hablado de “La belleza de la señora patata“? Prometo que será de las últimas veces, en serio. Pero pasaos por AQUÍ a valorarla con honestidad. Es Shots, un certamen de cortometrajes de género fantástico organizado por Scifiworld.

Es el último cortometraje que hice y probablemente sea una de las últimas ocasiones de verlo en pantalla grande en Barcelona. La proyección está enmarcada entre las mil actividades del Porno Gore Garri Extreme Fest 2010.

Además ponen uno de los cortos-chorra más tronchantes de la década: “Torbellino de ostias“, de Adriá Cardona. Todo un triunfador de la última edición de Sitges.

Aquí toda la información del sarao:

January 27th, 2010

TARGETS (1968) Peter Bogdanovich

Bogdanovich habla cuando El Terror” acaba.

En una especie de fundido encadenado interfímico, la mansión del varón Victor Frederick Vin Leppe se desmorona y su habitante huye. Los títulos de crédito anuncian la salida al aristócrata. La obra de Roger Corman se está extinguiendo, pero un nuevo “dirigido por” toma el relevo. El rostro del varón se ilumina. Es Boris Karloff, y decide saltar de celuloide en celuloide  tras la sobreimpresión definitiva: “The End”.

En una sala de proyección, rebautizado como Byron Orlok, Karloff oye los últimos acordes musicales de la banda sonora de Ronald Stein (inseparable del explotation en los 60/70). Ya no lleva maquillaje ni viste de época, el personaje está más cercano a la persona pero no nos engañemos, sigue estando frente a una cámara. Un nuevo primer acto ha comenzado.

Es curioso cómo el génesis de la película está retratado en los primeros minutos de la misma. Roger Corman, durante la proyección de su último éxito de terror gótico, ofrece a Bogdanovich la producción de su primer largometraje conocedor de su trayectoria como crítico. Se produce entonces la colisión de dos tradiciones, la del auteur francés (secundada en las américas por Bogdanovich y todo un ejército de nuevos cineastas) y la del guerrillero de la factoría Corman (con el género y la eficacia económica por bandera). El parto de este polvo exprés rompe aguas después de un rodaje de sólo tres semanas (siguiendo la filosofía Corman). “Targets” abría la carrera potencial de un nuevo director. Otros como Coppola (con “Dementia 13”) ya habían dado las gracias a Corman por lo mismo. Bogdanovich, marcado por su carácter presuntuoso, decidió con este título tomar el relevo generacional a Corman. Robó el testigo: Boris Karloff, y creó un panfleto que reflexiona sobre toda la producción de terror característica de su “padrino”.

Los monstruos maquillados ya no asustan”, reclama Orlok. Y es que “Targets” reivindica constantemente el nuevo horror. Ya no hay lugar para los clásicos de la Universal, de la Hammer ni de sus versiones de bajo presupuesto (algo similar ocurre en nuestro país con los infravalorados Paul Nashy o Armando de Ossorio). El terror gótico queda para los románticos y los nostálgicos. Y Sammy Michaels (interpretado por el mismo Bogdanovich) reclama a Orlok para interpretar su último guión, renovador en tema, estética y forma. Tan renovador en la forma que se inmiscuye en la misma trama.

Orlok está indeciso, quiere retirarse fuera del estrés, Sammy está convencido de que conseguirá que acepte el papel y, mientras, como si de una trama paralela se tratara, el propio guión de Sammy insufla el “nuevo terror” en la realidad, pues es un terror que surge de las portadas de los periódicos. Así, la historia escrita por el alter ego de Bogdanovich se concede la licencia de entremezclarse indirectamente con la ficción real de nuestros personajes hasta coincidir desde, literalmente, una pantalla de cine, atacando al espectador con sus novedosas crueldades (violentas y anónimas).

A resaltar las transiciones visuales (las rimas por corte) entre las dos tramas: Orlok mira la televisión en su hotel y Bobby Thompson (el francotirador protagonista del panfleto interno) cambia de canal en su comedor, uno se tumba en la cama y el otro se levanta, etc. Bonito recurso de montaje que equipara dos personajes con un peso compartido, la rutina de la felicidad les aplasta. Ambos quieren huir, uno desde el anonimato y el otro desde la fama. Cada uno tomará una decisión distinta que, irónicamente, les unirá en un mismo lugar.

El guión de Sammy es una película de contención que tensa con su intranquila calma un turbador sentimiento de violenta premonición. Bobby Thompson es feliz, pero está harto de ello. Se cargará hasta las cejas de armas y municiones y romperá su rutina y la de los suyos. Impresionante la continuidad en una especie de cámara flotante que lo sigue en el momento de la “decisión” (ve la televisión con los padres, habla con su mujer y vuelve al comedor con sus padres; sin pronunciar ningún ultimátum sabemos que los matará a todos).

Que la historia de Bobby sea la del guión de Sammy no es definitivo, pero las pistas invitan a creerlo.

La confrontación de la dicotomía del género de terror se produce al final del filme. Dos extraños se cruzan en un artificioso pero inmortal acorralamiento tras la matanza en el “drive-in”. El varón Victor Frederick Vin Leppe camina por la gigantesca pantalla, Byron Orlok se acerca lentamente con su bastón, Bobby Thompson, confundido, recibe varias bofetadas de alguno de los dos y se acurruca en el suelo como un niño desconsolado. La arrugada mirada de Boris Karloff es inmortal, Bobby Thompson y su cine aún tienen que madurar.

Parece que Bogdanovich tiene aún algún respeto por Roger Corman.

Como curiosidad, señalar que me sorprendí al recordar la lectura de un libro titulado “Imágenes malditas(“Ancient images”, Ramsey Campbell) ya que coincide tanto en el mensaje (apología del terror gótico) como en las referencias (el cita la película, testimonios de sus actores y una cinta coprotagonizada por Karloff y Lugosi perdida en una enrarecida conspiración); uno de los personajes (Roger, crítico de cine) tiene la misma biografía que Bogdanovich (incluso escribió su primer libro sobre Welles).

Lo importante es que también es una obra de otro cinéfilo que hace que su narración, en un juego de muñecas rusas cargado de referencias (extra)cinematográficas, gire en torno a esa capacidad aniquiladora de las imágenes, esa fascinación que acaba matando desde la propia pantalla. Y, cómo no, con el cine de terror como protagonista.

Fernando Polanco Muñoz

January 25th, 2010

La muerte camina con tacón alto

El sábado 23 fui al pase de Escalofrío” (1977), con la presencia de su simpático director Carlos Puerto (BIOGRAFÍA). Fue genial disfrutar como siempre del ambiente en las reuniones organizadas en el Centro Cívico Garcilaso por El Buque Maldito. Tengo una práctica del copón para evitar cabezas durante la proyección. También he conseguido que las almorranas sufridas por las sillas marca Pryca se conviertan en costras, antes eran dos horas de tortura, ahora es como tener la silla incorporada al culo.

La película era de terror setentero español. El director nos comentó que desde un principio buscaban una calificación S porque tenían un público garantizado en un circuito de cines. Eso quería decir que pudimos ver tetas… y vellos púbicos a lo afro. ¡Hay grandes películas del destape aún por descubrir!

Dentro de un par de semanas olvidaré la película, pero no una de las preguntas que se sucedieron en el Q&A posterior a la proyección que me reveló a Carlos Puerto como guionista de ¡Barrio Sésamo, Los Mundos de Yupi y… El vampiro Casimiro! No sé cuántas veces me leería ese libro en primaria.

Ahora me siento mejor al verme implicado en ese proyecto llamado “Los Trits” (siempre lo traduciré como un “Aquí no hay quién viva” con monigotes interraciales para niños).

Hay una nueva cita en el Centro Garcilaso para este sábado 30. Y esta vez nos visitan Luciano Ercoli, y la actriz protagonista Susan Scott (aka Nieves Navarro). ¿La película?

Ya saben. COMPLETAMENTE GRATIS.

January 24th, 2010

EL OTRO (1972) Robert Mulligan


Llevaba meses leyendo en mil y un ensayos de cine de terror sobre esta película. No hay libro de la editorial Valdemar en el que no sea un pie de página.

Stephen King habla en su Danza macabra (un recomendable tocho que analiza el cine de terror desde los 50 a los 80 bajo el prisma de toda la tradición anterior en la literatura) de que cualquier obra actual de este género parte de una de estas tres novelas-paradigma: “Frankenstein”, la cosa, “Dr Jekyll & Mr Hyde”, el doble, y “Drácula”, el caníbal (un cuarto pilar posible es, en “Una vuelta de tuerca”, el fantasma).

El otro se agrupa claramente entre todas esas historias que desdoblan al protagonista del ying al yang cuando cae la noche. Su valor diferencial reside sin duda en el tratamiento de lo macabro en forma de cuento (similar a “La noche del cazador” o “Matar a un ruiseñor”, también dirigida por Mulligan).

Ganador de la medalla de oro al mejor realizador en Sitges´72, Mulligan narra las tiernas aventuras de dos hermanos gemelos, Niles y Holland, en una sureña granja de los Estados Unidos a partir de un bestseller de su tiempo (adaptada a guión por el mismo autor).

Uno de los temas principales de la película es la aceptación de la muerte de un ser querido, una constante en películas de fantasmas como “El orfanato” o en thrillers sobrenaturales como “Los sin nombre”. El plus a este tema tan manido en el género es que el fallecido en cuestión es el hermano gemelo del protagonista. Así, con este desdoblamiento físico, se habla de alguien que ha visto en primera persona su propio cadáver ergo (teme) su propia muerte (una temática muy recurrente en la obra de Unamuno: “El hermano Juan” o “Niebla”).

Aunque fueron dos gemelos reales los que interpretaron a los hermanos Perry, no aparecieron

en ningún plano el uno junto al otro. Sólo los une la distancia del corte o la violencia de alguna panorámica. No fue así en la película de gemelos por antonomasia: “Inseparables”, de David Cronenberg, donde un innovador sistema de cámaras automatizadas permitía a Jeremy Irons ser su propio gemelo. ¡Mayor ironía! Aquí la crisis de identidad fraternal es en vida, dos cuerpos y dos almas coordinadas. Por el contrario, en “El otro” tenemos dos almas en un mismo cuerpo.

Y de entre estas dos esencias, una es necesariamente malvada. No hace falta volver al Dr Jekyll, otro bestseller como “La Biblia” ya creó escuela con su Caín y Abel (estela que llega hasta el dualismo travestido de “Psicosis”). Es común que el reverso oscuro permanezca latente y acabe triunfante (¡qué mejor manera que, en forma de sombra, el siniestro Holland Perry tiente a seguir el juego en el último plano de la cinta!).

Pero hablemos en susurros, como ese niño malvibrante que elucubra mientras mueve su raquítico dedo en “El resplandor”. La tradición de niños malignos, con o sin poderes, es extensa (y la última edición del festival de Sitges ha demostrado que está tan de moda como el subgénero zombie o los vampiros metrosexuales). Desde el realismo de “El buen hijo” al chascarrillo de “Los chicos del maíz”, el bullying invertido de “Largo fin de semana”, el producto nacional en “¿Quién puede matar a un niño?” (donde también se convierten en asesinos del feto de una embarazada) o la reciente “La huérfana”. Lo más terrorífico es que el niño no esté poseído por ningún demonio para que obre con la mano siniestra (aunque “La profecía” también da muy mal rollo).

Es el elemento fantástico el que da a Niles Perry la facultad de ejercer el mal. Y, contrario a la opinión del propio Robert Mulligan, opino que sí es una película de género. Puede que no del terror carnal y viscerado (aunque reúne elementos como el dedo-fetiche del cadáver, la recurrencia de las ratas o el feto bicéfalo que dan apuntes estéticos), tampoco del horror de suspense y sustos (en ningún momento tenemos que aguantar la respiración), pero sí del terror más “moderno”, el que habla de los miedos sin darlo y, sobre todo, al que poco le importan las barreras entre el bien y el mal. El monstruo más terrorífico es un niño, y el maquillaje más conseguido es su halo de inocencia.

Los acontecimientos que en la granja de los Perry suceden están dilatados a más no poder. La escala de asesinatos va en progresión, a la par que la maldad de Holland. Todo comienza con un bote de conservas que se rompe (al igual que el huevo “Alien”) y, pasando por el raticidio, acabamos con una ola de muertes de figuras cada vez más representativas. Esto, junto con la intriga que nos mantiene preguntándonos por la existencia real de Holland, se convierte en el hilo conductor narrativo. Nos remitimos a las preguntas “¿Qué pasó con el padre? ¿Y con el hermano?” hasta la saciedad. Y es que la excesiva dosificación de información se acaba volviendo tediosa y alargada.

El principal afectado de esto es el ritmo, por sí ya de cadencia pausada y apoyado en una puesta en escena cristalina y diáfana donde los actores se mueven saliendo y entrando de cuadro con una coreografía del plano general muy fluida.

La mirada del director es clara, concisa y sin licencias expresionistas. Podría decirse que utiliza un lenguaje televisivo (su cuna audiovisual) y algo caduco (por los zooms y las nerviosas panorámicas que tanto duelen hoy día).

Increíbles Chris y Martin Udvarnoky, gemelos de a pie. Todo el peso de la película reside en la credibilidad de sus momentos. Sobrecogedores sus susurros y genialmente resuelta la escena-revelación en la que Niles se enfrenta a la tumba de su hermano. Una pena que no volvieran a ponerse tras las cámaras.

Si antes hablábamos de las dudas en cuanto a su clasificación genérica, al centrarnos en su tratamiento estético encontramos la clave. El colorismo, las auras luminosas en los brillos o la predominancia de exteriores día no hacen más que jugar al contrapunto (tal como haría posteriormente “El resplandor”). Un tratamiento naturalista refuerza el aspecto inocente del protagonista, y el contraste con los acontecimientos es demoledor.

Un último aspecto determinante en este juego de contraposiciones del que vengo hablando es la música. Jerry Goldsmith (harto conocido para los fans del género e idolatrado por sus composiciones en “Desafío total”, “La profecia”, ¡Ave Satani!, o “Gremlins”) decide acompañar los juegos del niño con alegría y jolgorio, pero cuando la cosa se pone seria elige el silencio. Así, la partitura se convierte en una especie de juez acusador que carga de culpa al Niles más cóncavo.

¿Pero de dónde vienen esos silbidos? No precisamente de laboca de Goldsmith. ¿Andará por aquí el lobo feroz, Robert Mitchum? Porque de nuevo aparece la referencia a “La noche del cazador”, donde el malvado anunciaba sus apariciones escupiendo una melodia. Holland Perri, como buen ente perverso, también.

El otro” visto por los mismos ojos que han parpadeado ante la muerte del tito Jackson sabe a nostalgia amohecida. Es innegable que los años han dejado visibles marcas de óxido, pero tiene una atmósfera tan propia y perturbadora que es imposible reconocer su unicidad. Como el juego de los gemelos, lo complicado es entrar. Pero una vez te crees tu papel, los espejos te devolverán tu imagen hasta el infinito.

¿Será el momento de preguntar a tus padres por algún hermano gemelo oculto en el ático?

Fernando Polanco Muñoz

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